El gobierno de Estados Unidos anunció una nueva medida para reforzar la seguridad en la frontera sur: pintar de negro el muro fronterizo. La estrategia, presentada por la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y solicitada directamente por el presidente Donald Trump, busca aumentar la temperatura de la estructura metálica, dificultando su escalada al contacto físico.
La iniciativa forma parte de la agenda de seguridad fronteriza de la administración Trump, que se autodenomina como la “más segura de la historia”. Noem destacó que, aunque el muro ya es considerado “muy difícil de escalar”, la pintura negra añadirá una capa adicional de dificultad para quienes intenten cruzar de manera irregular. Esta medida será aplicada a lo largo de toda la frontera sur del país.
De acuerdo con autoridades federales, en julio se registró una disminución histórica en los cruces irregulares con México. Esta baja se atribuye a una combinación de políticas de endurecimiento de controles fronterizos, construcción de barreras físicas y ahora, con la pintura negra, nuevas estrategias para disuadir intentos de ingreso no autorizado.
La decisión ha generado opiniones divididas. Por un lado, autoridades y defensores de la seguridad argumentan que se trata de una medida eficaz para proteger la soberanía nacional. Por otro, organizaciones de derechos humanos y expertos en migración advierten que podría incrementar los riesgos para los migrantes, especialmente en condiciones climáticas extremas, y cuestionan las implicaciones éticas de la estrategia.
En síntesis, la pintura negra del muro fronterizo representa un nuevo capítulo en la política migratoria estadounidense, un esfuerzo adicional por reforzar la seguridad fronteriza que plantea, al mismo tiempo, desafíos humanitarios y debates sobre derechos fundamentales.

