José Alberto Mujica Cordano, expresidente de Uruguay, falleció este martes a los 89 años tras una larga y dura batalla contra el cáncer. El mundo despide hoy a uno de los líderes más humanos, austeros y admirados de la historia contemporánea de América Latina: el “revolucionario tranquilo” que, con su sencillez, sabiduría y coherencia, conquistó corazones dentro y fuera de su país.
Pepe Mujica no fue un político común. Exguerrillero, preso político durante la dictadura militar uruguaya, sobreviviente de la tortura y el encierro extremo, transformó su historia de lucha y resistencia en una lección de vida y humanidad. Desde su modesta chacra en Rincón del Cerro, donde vivió hasta sus últimos días, hizo de la austeridad una bandera y de la empatía una forma de gobernar.
En 2010, fue electo presidente con el 55% de los votos. Desde entonces, fascinó al mundo no sólo por su estilo de vida sencillo, sino por su visión política ética, su firme rechazo al consumismo y su capacidad de hablarle al pueblo sin máscaras. Rechazó privilegios, condujo su escarabajo celeste hasta la sede del gobierno, y convirtió su presidencia en un ejemplo global de humildad con poder.
A lo largo de su vida, impulsó una agenda progresista que convirtió a Uruguay en un referente regional: legalizó el aborto, el matrimonio igualitario y la marihuana con fines recreativos. Pero, más allá de las leyes, su legado más profundo es su visión humanista: «No soy pobre, tengo pocas necesidades», solía decir.
“Gasté soñando, peleando, luchando. Me cagaron a palos y todo lo demás. No importa, no tengo cuentas para cobrar”, declaró en una de sus últimas entrevistas, cuando ya enfrentaba el cáncer con la misma dignidad con la que enfrentó la cárcel y la política.
Hasta el final, mantuvo intacta su visión esperanzada del ser humano, aunque con la lucidez de quien conocía bien la fragilidad de la vida. Pidió que lo recordaran sin bronces ni homenajes grandilocuentes. Su última voluntad fue descansar bajo la secuoya de su chacra, junto a su entrañable perra Manuela.
Con su partida, se va no sólo un expresidente, sino un símbolo de integridad política y compromiso social. Un hombre que habló con el corazón, vivió con sencillez, y se convirtió en referente universal de dignidad, coherencia y humanidad.
Hasta siempre, Pepe.
