Lo que inició como una emergencia médica por la mordedura de una araña violinista terminó en tragedia para María Fernanda Vázquez, una mujer originaria de Guaymas que falleció el pasado 25 de abril, presuntamente por una atención médica tardía en el Hospital General de Zona No. 4 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
La víctima fue mordida por el arácnido el 24 de abril, mientras se encontraba en su domicilio. Ante los primeros síntomas, acudió de inmediato al hospital acompañada por sus familiares. Sin embargo, de acuerdo con la versión de sus allegados, el personal médico demoró dos turnos completos en atenderla, lo que derivó en un agravamiento de su estado de salud.
Según testimonios recogidos por el medio Sonora Presente, la tardanza en su atención médica provocó una sepsis generalizada, es decir, una respuesta extrema del cuerpo a una infección, que termina por dañar órganos vitales. La situación se volvió crítica: nunca se le practicó la limpieza quirúrgica necesaria, y fue ingresada al quirófano hasta ya entrada la noche. Durante la intervención, sufrió un paro respiratorio y murió horas después.
Familiares exigen justicia por presunta negligencia
La familia de María Fernanda ha acusado públicamente al IMSS por lo que consideran un caso de negligencia médica, argumentando que los protocolos de atención ante mordeduras venenosas no se siguieron adecuadamente. Hasta el momento, el IMSS no ha emitido un posicionamiento oficial sobre lo ocurrido.
El funeral de María Fernanda se realizó al día siguiente, en medio del dolor e indignación de sus seres queridos.
Peligro latente: la mordida de la araña violinista
La araña violinista (Loxosceles reclusa), frecuente en zonas cálidas de México, está considerada entre las especies más peligrosas del país. Su veneno es altamente necrosante: descompone tejidos, destruye proteínas celulares y puede causar la muerte si no se actúa de inmediato.
De acuerdo con la Secretaría de Salud, ante una mordedura de este tipo, se recomienda aplicar hielo local, lavar la zona con agua y jabón, mantener el área vendada y en reposo, y acudir inmediatamente a un centro de salud con capacidad de respuesta toxicológica.
El caso de María Fernanda ha encendido la alerta en Sonora y revive la preocupación sobre el manejo médico de urgencias en instituciones públicas, especialmente cuando el tiempo puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

