En una nueva escalada proteccionista, el expresidente y actual candidato republicano Donald Trump ordenó duplicar los aranceles al acero y aluminio importados —así como a productos derivados—, elevándolos del 25% al 50%. La medida, que entra en vigor este martes, impacta incluso a socios comerciales clave como México y Canadá, mientras que el Reino Unido queda temporalmente exento gracias a un acuerdo bilateral firmado en mayo.
La decisión, amparada bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, se justifica por motivos de seguridad nacional. De acuerdo con la Casa Blanca, las importaciones masivas de metales continúan afectando a sectores estratégicos como el de defensa, debido a que las acereras y fundidoras estadounidenses aún no alcanzan niveles sostenibles de operación.
“El acero y el aluminio siguen siendo vitales para la seguridad nacional. La industria no ha desarrollado la capacidad necesaria para sostenerse y responder a las necesidades del país”, señala la proclamación firmada por Trump. Según el documento, los aranceles previos no lograron frenar la competencia desleal ni reducir la dependencia de insumos extranjeros.
Además de aumentar los aranceles, la medida contempla lineamientos más estrictos para la verificación del contenido real de metales en productos importados. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) endurecerá sus controles y aplicará sanciones por subdeclaraciones, que podrían incluir multas, retiro de licencias y consecuencias penales.
La única excepción destacada es el Reino Unido, cuyos productos seguirán sujetos al arancel original de 25%, gracias al Acuerdo de Prosperidad Económica firmado el pasado 8 de mayo. No obstante, esta exención será revisada en julio para verificar el cumplimiento de los compromisos adquiridos por Londres.
Fabricantes estadounidenses que dependen del acero y el aluminio ya advirtieron sobre posibles aumentos en los costos de producción y disrupciones en las cadenas de suministro. En tanto, socios comerciales como México y Canadá evalúan el impacto económico y político de la medida.
El nuevo ajuste arancelario marca un nuevo capítulo en la política comercial de Trump, quien busca fortalecer la industria nacional en un contexto de tensiones globales, pero también enfrenta críticas por los posibles efectos colaterales sobre los consumidores y la competitividad.

